La historia no contada del acto de repudio contra Anyell Valdés Cruz

Al visualizar en el día de hoy el video del acto de repudio contra una familia en el municipio Arroyo Naranjo en La Habana, uno llega a preguntarse cómo es posible que hayamos llegado a esta situación. Uno siente rabia, lástima, dolor, y hasta dudas, sobre si lo que se hace es correcto.

Profeso que debemos analizar las maneras de enfrentar al enemigo, pero no creo en trucos de una sola cámara con poder para narrar la única versión construida que se ha generalizado.

Me duele ver a niñas y niños llorando. Me duele mucho. Pero más me oprime el pecho conocer lo que contó a La Página de Mauro Torres, Carilda Betancourt Pérez, quien vive en esa zona y observara el suceso desde la calle.

“Anyell Valdés Cruz tiene cuatro hijos, dos varones y dos hembras. Los dos jimaguas de 5 años, una hembrita y un varón. Son de un miembro de la UNPACU que no está de acuerdo con la madre por la forma en que los utiliza, y los otros dos, uno de 11 y una joven de 17, pertenecen a otros progenitores que no le dieron su apellido ni los reconocieron como hijos” -comentó.

“Anyell reside en el Reparto Callejas en el municipio Arroyo Naranjo. Sin embargo, hace un tiempo decidieron irrumpir de manera ilegal en ese local que pertenece a las organizaciones de masas (CDR) del Reparto Los Pinos en ese mismo territorio, y desde entonces este lugar se ha convertido en una jodedera” – asegura Betancourt Pérez.

Por otra parte, Santiago Rondón Batista, vecino de la calle Finlay y Morales donde ocurrió el acontecimiento, manifestó que “Anyell hace poco tiempo vive aquí y aunque el Estado le ha propuesto varias opciones en albergues – incluyendo el mejor albergue del municipio- para luego tener posibilidades de una casa, ella insiste en regresar y ha rechazado todas las propuestas.”

Quien hace público el video en las redes sociales es Adrián Osmel Rubio, un miembro del conocido y mal llamado Movimiento San Isidro que nada tiene que ver con esa familia ni tampoco vive en Arroyo Naranjo sino en el municipio Cotorro. Él fue hasta allí para escribir un texto provocador en la pared del local y esperar a que se generara el espectáculo, donde sabía que tenía las de ganar por los menores presentes.

Es más aberrante, cuando se oye decir a Adrián Osmel Rubio que “habían matado al perro de la casa”, sabiendo que los niños lo amaban, y fue ese, el justo instante en que se echaron a llorar a gritos y se lanzaron al piso aterrados. Es la parte más triste, porque resulta una cruenta manipulación con fines políticos, pues en otro video publicado por el mismo Osmel Rubio, se demostró que el perro nunca estuvo muerto, lo que confirma su crueldad.

Lo ocurrido en el día de hoy apalea dos vertientes, una que tiene como propósito tumbarle una casa al Gobierno, y la otra, generar lo que nos pasó cuando vimos el video por primera vez sin tener la percepción de quienes observan todos los días lo que pasa en ese barrio.

Se vale pensar qué hemos hecho. También, se vale que la propia familia entienda cuánto daño les hace a los niños su manera facilista y manipuladora de reclamar.

Tomado de la Página de Mauro Torres

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