La supuesta violación de una menor de 13 años

VÍCTIMAS Y VICTIMARIOS

Los hechos de la menor de 13 años que fue presuntamente violada el pasado 6 de septiembre por varios jóvenes circula en redes sociales. Las declaraciones de la madre a la Red Femenina de Cuba y plataformas con perfiles subversivos se han hecho eco rápidamente. También se han sumado otras personas que sin tener todos los elementos de la historia se solidarizan ante la situación, lo cual considero una muestra del valor que tenemos como seres humanos, y de la peligrosidad y las consecuencias que tiene un suceso como este.

Una carta anónima me fue enviada vía Messenger por un perfil llamado “Luis Gutiérrez”. En el inicio del mensaje me pidió de favor que la publicara, y luego ratificó que “la niña no posee signos de violencia visibles en su rostro ni en su cuerpo”.

En la noche de ayer decidí hacer un post con la epístola, pero luego de algunas sugerencias de amigas y amigos, eliminé la publicación hoy en la mañana, pues en su interior contenía comentarios del remitente que podían ser mal interpretados y darle más leña al fuego. Por tanto, he resuelto hacer salvedades con lo que se cuenta en la misiva, y sé que tampoco se salvan de la lupa criteriosa.

En un primer momento del escrito se recrimina a la madre de la menor de edad por hacer pública la situación, lo que a mi criterio personal genera más afectación al asunto por los daños psicológicos a la niña y al resto de los implicados, así como sus familiares y allegados, teniendo en cuenta que ser parte de la agenda mediática puede ser letal en muchos casos. Considero que el curso legal era lo más correcto en estos momentos.

Habla de que lo ocurrido fue de mutuo acuerdo entre las partes involucradas, y que eso mismo fue lo que víctima, denunciante y acusados, dijeron en la denuncia inicial y en el proceso penal. Con esto levanto mis dos manos y afirmo que no se justifica el daño a la menor, pues, aunque haya estado de acuerdo, no tiene plena capacidad de obrar y se exime de responsabilidad en el acto.

Luego el remitente se hace una pregunta: ¿Cómo se explica que la niña siendo del Reparto Alberro estuviera en el Reparto Águila Hatüey del mismo Cotorro, donde ocurrieron los hechos? Y posteriormente sentencia que la distancia es larga, que la niña no fue a ninguna cafetería cercana sino a verse con su novio quien estaba en el Servicio Militar.

En la misiva se infiere una acusación muy fuerte, y se expone que la niña ya había tenido relaciones sexuales con anterioridad, lo que pone en tela de juicio el consentimiento de su madre en este asunto en particular.

“Entiendo que el hecho es grave y que los jóvenes que participaron van a pagar por sus actos, pero que se diga la verdad, y la verdad va salir a flote cuando se realice el juicio, porque estos jóvenes hoy no están a su libre albedrío, sino que se encuentran a la espera de un proceso judicial, y que, en su momento, serán sancionados por la ley”-certifica el remitente.

No pretendo justificar lo que no tiene justificación alguna, pues se ha cometido un acto horrendo contra el normal desarrollo de una niña, pero también sé que los autores serán juzgados por un Tribunal como merecen ante su crimen, quienes, aunque hoy pudieran estar en aparente libertad, pagarán con rigor su sentencia cuando se celebre el juicio.

Llamo la atención que cuando hacemos una publicación o se prestan declaraciones sobre la situación en particular, por muy buenas que sean nuestras intenciones o muy enfadados que estemos, agravamos los derechos de la personalidad de la menor víctima, y del resto en investigación, particularmente si el tratamiento dado no es apropiado cuando se trata de abuso sexual, violación, corrupción de menores, pedofilia o lo que sea.

Igualmente podemos convertirnos en perpetradores de la justicia por incitar a que se actúe contra los responsables, cuando existe el peligro inminente que ellos pudieran ser agredidos y sentenciados por la ley de la calle, y eso entonces, sería peor.

Confío en la justicia y tratamiento al tema por Cuba cuando se trata de niñas, niños y adolescentes, algo que algunos medios y personas mal intencionadas, no tuvieron en cuenta en sus análisis, porque con una aparente preocupación por el asunto se las ingenian para hacer política y criticar un sistema.

Preciso, ¿cuántas personas cercanas a la víctima habrán leído cada una de las publicaciones? ¿Cuántas personas no habrán abordado el asunto en el círculo de la niña? Lo mismo digo para los jóvenes mayores de edad que cometieron el crimen, entre ellos, ese joven de 20 años que pasaba el Servicio Militar.

La violencia está servida en todas sus partes desde el ámbito mediático, y claro, tiende a irse por el más débil, pero nadie escapa. La solución no puede ser más violencia. El caso se sabe, hay una denuncia por medio, y a estas alturas creo que a nadie le quepa la menor duda, que será juzgado como corresponde, aunque sea demasiado tarde para la inocencia.

Tomado de la página de Facebook de Mauro Torres

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