Agente de la CIA, Abraham Jiménez Enoa se victimiza, como estrategia indicada por la Fundación Nacional para la Democracia (NED)

EL LUCRATIVO NEGOCIO DE LA VICTIMIZACIÓN
(Artículo de opinión del Guerrero Cubano)

El contrarrevolucionario en Cuba que no se victimice sobre la base del más grosero engaño a la opinión pública, pierde sus ganancias del mes. Hacerlo es fácil y solo se necesita un poco de perversa imaginación, pero si es periodista le viene más fácil la narrativa.

En esta cuerda ha decidido montarse el escribano Abraham Jiménez Enoa, foco de un nuevo intento de campaña contra Cuba, tras una historia que se montó de abuso y maltrato policial hacia un “periodista independiente”. Ninguna de las dos él se las cree, ni la historia, ni su independencia.

Cuando se busca en Internet y las redes sociales quién es Jiménez Enoa, sobresale algo muy interesante: es un empleado de una organización fachada de la CIA, que se dedica a financiar sujetos que promuevan acciones, (en su caso desde la propaganda), que atenten contra la estabilidad de países socialistas o simplemente progresistas.

Esta no es una aseveración hecha a la ligera. Es el reconocimiento del propio “victimizado” y de una de sus compinches, Mónica Baró. En sus propias redes sociales o en los bodrios digitales para los cuáles escriben, está el reconocimiento que hicieron en un arranque de furia, desafiando la envergadura de su servilismo.

La organización a la que me refiero es la norteamericana Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés).

Creada en 1983, fue la solución que encontró en ese momento el Congreso norteamericano para evitar la exposición directa de la CIA en las actividades desestebalizadoras en muchos países del mundo, algo que le había traído no pocos escándalos a la compañía.

La CIA continuó realizando su labor, pero usa la mano peluda de la NED, organización que recibe cada año millonarios fondos del contribuyente americano con fines desestabilizadores, bajo el eufemismo de llevar democracia a los países en los que interviene.

En este mecanismo se inserta Abraham Jiménez Enoa. Su empleador le paga cada mes cientos de dólares, empleador que no es nada menos que una potencia extranjera, que lo contrata para generar una imagen dantesca de la realidad de Cuba.

Los fondos le son gestionados en el exterior por su amigo Carlos Manuel Álvarez, ácido detractor de la Revolución cubana, también empleado de la NED. Los envían a Cuba a través de terceras personas para burlar los efectos del bloqueo económico, ese engendro legislativo que nunca se ha dignado a denunciar.

Pero Jiménez Enoa no habla del delito que incurre al ser un agente de otro Estado, por demás el principal enemigo de Cuba. Abraham ni siquiera convida a sus lectores a reflexionar que el delito en que él incurre no se tolera en ningún país, ni siquiera en la nación que lo instruye y lo sostiene.

Le resulta conveniente entonces montarse el papel de víctima, inventarse atropellos y prohibiciones que estoy seguro nada tienen que ver con la realidad y sobre lo cual me empeñaré en buscar más información.

Le resulta conveniente y productivo. Gana raiting y gana dinero, un ciclo permanente en este lucrativo negocio de la contrarrevolución.

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